1 de noviembre de 2009

MV

Quizá llegaste a creer
que mi voz y mis manos
tienen un mismo destino;
también lo creía,
pero no es así.

Mi voz tocará lugares
donde mis manos no se sientan.

Quizá solo te apetezca escucharme
mientras me cuentas tu vida
y me miras a los ojos.

Mis manos te harán olvidar
esa la soledad diaria
que las voces te dejan.

Mi voz podría acompañarte
con un te quiero
al final de una llamada.

vul (bcn, 02/11/2009)
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